Los partidos políticos

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Artículo de opinión de Juan Ruiz García

Los partidos políticos

Teóricamente los partidos políticos son el vehículo de participación de los ciudadanos en la política, tanto local como nacional. La praxis es otra cosa. Los ciudadanos que se inscriben en un partido español solamente son llamados a manifestarse en favor de su partido y a defenderlo se esté o no de acuerdo con determinadas decisiones, sin que su adscripción le dé derecho a cualquier otra cosa, si bien le dicen que el partido está a su servicio. Luego, los mandamases locales les dicen que lo que el partido ha decidido es lo mejor y lo de los otros es malo, se lo creen y ya está. Parece raro, extraño. Pero es así.

Hay que tener en cuenta como paso previo que en España no hay tradición democrática como por ejemplo en Reino Unido, pues de las monarquías absolutas se pasó a una primera república escasamente democrática que ella misma se suicidó buscando un rey de importación, que devino en otra monarquía más o menos parlamentaria en la que dos partidos se alternaron en la gobernación del país, los liberales y los conservadores, que tampoco demostraron demasiado ardor democrático. Aprovechando los primeros resultados en las ciudades de unas elecciones municipales, naturalmente no plebiscitarias, un grupo de personas amantes de la república la instauraron por el artículo 33, posteriormente las izquierdas se hicieron con ella y se convirtió en una república de izquierdas contra las derechas, que terminó como el rosario de la aurora, que a su vez nos llevó a una dictadura de casi cuarenta años. En ninguno de los casos hubo democracia.

La nueva democracia que nos anunciaron tras noviembre de 1975 estaba basada en unas elecciones libres para que los ciudadanos eligiéramos, pero como dijimos el otro día, nos timaron o nos dieron gato por liebre, pues el poder recayó en los partidos políticos hurtándoselo a los ciudadanos.

En otros países de mayor experiencia democrática los partidos funcionan a la inversa que en España, pues en ambos casos su manejo es vertical, en España de arriba abajo y en otros países de abajo arriba. ¿Qué quiere decir esto? Que hemos invertido el normal y lógico funcionamiento de un partido.

En otros países, las agrupaciones locales se reúnen y discuten sobre los problemas de la zona en que viven, que elevan a la agrupación regional, ésta resume los de todas las circunscripciones y lo sube a la ejecutiva del partido. Ésta los estudia y realiza los programas electorales de acuerdo con las necesidades ciudadanas y marca la política a seguir, de tal modo que las agrupaciones de los pueblos marcan las directrices de su municipio y sobre ellas se vota, ocurriendo lo mismo en lo regional y lo nacional.

En España no es así. El aparato del partido nombra, previo manejo del mismo, a un líder, que es el que marca la política de acuerdo con su ideología y criterio, convenga o no a los ciudadanos, y ésta se establece ordenada desde arriba y todos han de aceptarla, de tal modo que los afiliados se convierten en meras comparsas que deben obedecer y defender al partido.

De ahí que el ciudadano no participa en las decisiones, más bien ha de tragarse las del líder aunque no convenga a su municipio, pues su opinión no es tenida en cuenta. Los programas políticos para las elecciones los hace la dirección del partido de acuerdo con el criterio de su líder y todos han de aceptarlas y además defenderlas.

La prueba más clara y evidente de esto la tenemos si analizamos los últimos tiempos de los dos partidos con mayor número de parroquia, PSOE y PP. Cada uno de ellos ha cambiado su política de acuerdo con el criterio exclusivo de su líder, pudiendo ver algo así como diferentes partidos según el mandamás.

Hubo un PSOE con Felipe González, otro diferente y más escorado a la izquierda e ideologizado con Zapatero y el de Pedro Sánchez más extremado a la izquierda y dándose la vuelta como un calcetín en sus criterios sobre la unidad de la nación y pactando hasta con sus peores enemigos. En el caso del PP encontramos el de Aznar, el timorato e inconcreto de Rajoy, que presentó un programa y gobernó a espaldas de él, el de Casado, entregado al PSOE de tal modo que tuvieron que echarlo y ahora tenemos a Feijoo que está en las mismas.

No pensemos que Ciudadanos, Podemos o Vox son diferentes, pues en el primero ya hemos visto sus giros ideológicos, del segundo también, no siendo el mismo que estaba en la oposición que en el gobierno, y como es natural, Vox está ya haciendo lo mismo, la exclusiva voluntad del jefe.

Hace falta que los partidos evolucionen, que la voz del militante sea escuchada y no un simple palmero o borrego como le obligan a ser ahora.

Juan Ruiz García 

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